16 jun 2010

Özil, clon del Beto Alonso



Mientras el mundo entero, o gran parte del mundo, o, si se quiere, en mi país (que es, a fin de cuentas, mi mundo) se debate si es Lionel Messi el clon o no de su hoy Dt, Diego Maradona, y se llenan miles de espacios en blanco y hectáreas de silencio con que sí lo es, o con que no, me propongo en estas líneas celebrar la aparición de otro clon, acaso con menos resonancia para el planeta en general, pero no para el planeta River Plate.
Porque el domingo pude comprobar, que, después de muchos intentos fallidos, un jugador clave en mi historia, y en la historia de River Plate, el Beto Alonso, tuvo por fin su reencarnación. Y el fútbol es tan generoso, que uno puede reencarnar sin haberse ido de la vida. Es más: a Alonso, al Beto, a ese ejemplar casi único de plasticidad, fineza, calidad, improvisación y elegancia, hace rato le venimos buscando su clon. Incluso en el River de Angel Labruna, allá por 1975, mientras el Beto se inmortalizaba, Alejandro Sabella tuvo la desgracia de ser diez, habilidoso y zurdo. Lo mismo, años después, con Alonso en su crepúsculo, habría de sucederle al entonces pichón de crack Carlos Tapia. Ambos, Sabella, Tapia, debieron emigrar para brillar en otro club: el primero a Estudiantes; el otro, a los innombrables primos de la Ribera. Es que ya en esa época –como todo pasado, más lírico y bello que este ancho y sucio presente- dos diez juntos no podían coexistir. Sí, ya estarán algunos marcándome el Brasil del 70 y sus cinco diez. Pero en el 75, Alonso y Sabella no podían jugar juntos. Tampoco pudieron hacerlo Maradona y Kempes en la selección del ´82. (Aunque lo hicieron, pero, me corrijo: no brillaron. Porque dos diez en el mismo equipo es algo tan inviable e ineficaz como ver a dos chicas hermosas yendo a bailar juntas. Las lindas van siempre al lado de las feas, por simbiosis. Una necesita destacarse; la otra, agarrar las sobras que descarta la bella. Por eso no brillaron, juntos, los dos diez en 1982. Kempes, receloso de ese monstruo que hacía todo bien a los 22 años. Maradona, porque con Kempes al lado, no podía ser el kapanga.
Pero me fui de tema, o me disgregué. Quiero decir que por fin apareció el clon de Alonso. No fue ni Sabella, ni Tapia, ni menos el Indiecito Solari, o el habilidoso padre de la Boba, Andrés D’alessandro. Mucho menos lo fueron los ya olvidados enganches zurdos de River como Talarico, o el importado Oscar Acosta.
No señor: el clon del Beto nació lejos, en Alemania, en el año 1988, dos años después del memorable retiro del 10 de River. Se llama Mesut Özil. Y es hijo de turcos, y su cara lo denota. Tiene algo en ella, no del buen mozo Norberto Alonso, sino más bien, para los memoriosos, del feo cómico uruguayo Divino Vivas. Juega con la ocho, pero se mueve igual que el Beto. No se permite un pase si no es con calidad. Ve espacios donde lo demás solo llanura, simple campo. Es, como lo fue el Beto, el zurdo más elegante del mundo. Sospeché de su filiación por las asistencias finísimas en el primer y en el cuarto gol; lo confirmé con un pase extraordinario creo que a Podolsky, filoso y bello, a espaldas de los defensores alemanes, que luego no pudo usufructuar Klose. Creo que le gana en dinámica al Beto. Es un poco más alto, y eso quizás le permite correr más rápido. Igual que el Beto, actuó ante un roce y se tiró. Pero en estos tiempos botones, eso es amarilla (¡Ay Beto, cuántas veces nos hubieses dejado con diez de existir entonces la amonestación por simular!)
Hoy abrí todos los diarios que pude, husmeé en los sitios de Internet. Pero no vi que nadie dijera nada -no vi ni leí a todos-.
No sé si Messi será el clon del Diego (juro que cruzo los dedos para que lo sea, aunque esa es harina de otro costal). Pero si sé que el Beto Alonso está jugando de nuevo. Aunque para Alemania, y no para mi querido River Plate. ¡Puta madre, la dupla que harían arriba con el crack Gustavo Canales!

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