27 jun 2010

El Negro


Hace ocho años, yo vendía Internet inalámbrico para la empresa Velocom. Seis meses atrás había sido considerado “mejor vendedor” de la Compañía de Internet Wireless, Millicom. Me dieron un diploma y muchos abrazos. Eso fue el 21 de diciembre de 2001. Cinco días después me echaron, sin darme un centavo de indemnización. Arranqué el 2002 para atrás, como el 90% del país. Después me llamaron de Velocom. Un día iba por la Plaza de Mayo, de traje. Tuve una visión: “de ahora en más me dedico a lo mío: cantar, leer, escribir. Chau traje”. Llegué y le dije a mi jefe que renunciaba. Me contestó con una frase célebre: “Mirá que de la guitarrita no se vive”. Fue lo mejor que me pudo decir.
¿A qué viene todo esto? A que terminé de trabajar como vendedor y empecé a dar clases de lo que sabía: periodismo, literatura. Lo que había estudiado. A los pocos meses, un amigo me pasó un laburo: dar Comunicación y otras materias afines en la escuela de Directores Técnicos de la AFA, en Avellaneda.
Fueron meses imborrables. Me di cuenta de que no era malo enseñando. Allí, en esas aulas y pasillos, o en recreos, escuché jugosas historias y anécdotas de fútbol. Pero me acuerdo en especial de un lugar común: todos decían que quienes sabían en general nunca eran los DT, sino sus ayudantes de campo. Ejemplo: Ramón era analfabeto como entrenador; el genio oculto era Omar Labruna. Bianchi no sabía nada: tomaba todo de Ischia. El tiempo se encargó de desmentir esos rumores. (Me acuerdo de una anécdota parecida, vendiendo Millicom, por Don Torcuato, cuando un remisero me dijo, con aires de tener la posta: “Riquelme no era tan bueno acá en la Villa San Jorge. Era uno del montón. Los mejores nunca llegan)”.
Valga esta introducción para empezar a hablar del Negro Héctor Enrique: el tipo que reemplazó a Miguel Angel Lemme en el cuerpo técnico de Maradona.
Porque ahora que Maradona rompió con su férreo 4-4-2 con el que, anunciaba, iba a jugar al Mundial, y de golpe el equipo cambió con un 4-3-1-2 y un Messi rabioso de enlace con mucha llegada, y se convirtió en uno de los cucos del torneo, ya se escuchan millones de voces que dicen, igual que mis engreídos y queridos alumnos de la Escuela de DT de la AFA: “Ahí el que manda es Enrique. El Gordo no sabe nada”. Y más creció este rumor después de unas simpáticas declaraciones de Tévez. Algo así: Maradona sigue siendo un jugador. De táctica nos hablan Mancu o el Negro Enrique".
Desde acá, a 10 mil kilómetros de Pretoria, no puedo develar la incógnita. Sí tengo la sospecha –casi un deseo- de que el Negro puede haber cambiado la cabeza de Diego. Pero repito: carezco de cualquier tipo de certeza.
De todas formas, me cae muy bien Enrique, no sólo por los recuerdos que dejó como futbolista (qué hincha de River olvidará la pelota que le robó a ¡Cabañas! en mitad de cancha, en la Final de la Libertadores de 1986, antes del golazo de Funes, contra el América de Cali): lo que me parece asombrosa y, creo, casi única, es su carrera como jugador.
El Negro arrancó y terminó en Lanús, entre 1980 y 1993. Y jugó también en Deportivo Español y en River. Pero lo curioso es que de esos trece años, la mayoría (once, doce años) fueron años intrascendentes, hasta casi malos. Sólo que tuvo una, o dos temporadas como mucho, en las que tocó el cielo con las manos: la que va de 1985 a 1986. Después, no hubo mucho más. Pero cuántos jugadores cambiarían el año y medio bueno de Enrique –qué bueno, extraordinario- por toda su carrera.
En sus comienzos, el Negro fue sólo el hermano del Loco Carlos, el marcador de punta de Independiente. Era un simple delantero centro –un 9- en Lanús. Pasó a River en 1984, y siguió en el mismo puesto, hasta que el Bambino Veira probó y lo puso de 8. Ese 1986, River, con Enrique de 8, y Francescoli de 9, y Amuchástegui de 7, y Morresi de 10, y Ruggeri, Gallego, etc., con un equipazo, pero con un Enrique superlativo, ganó el campeonato. Su actuación fue tan buena, que Bilardo lo tuvo que llevar al Mundial de México. El Negro era pedido por la gente, pero recién fue titular-titular contra Inglaterra, en cuartos de final, el día que “asistió” a Diego en el mejor gol del mundo. Después, le dio un pase gol a Valdano en la Final contra Alemania. Y fue campeón. Y después volvió a la Argentina para ganar con River la Copa Libertadores, ese mismo año, y después la Intercontinental.
Cuatro títulos espectaculares, en solo 1 año, año y medio.
¿Qué habrá pedido el Negro al levantar su copa, a las 0:00 y segundos del 1 de enero de 1986? Después, las lesiones lo fueron devolviendo a la oscuridad inicial. Al montón. Pero el Negro tuvo un año en su vida que lo justifica sobre la tierra.
Y ya que pienso cosas en voz alta: el 8 argentino en el Mundial de 1978 fue Osvaldo Ardiles. Ardiles también arrancó su carrera siendo 9. Menotti lo puso de ocho, y el periodismo lo mató al Flaco, porque también de ocho, (volante por derecha) en esa época, brillaban Miguel Brindisi y el Negro Jota Jota López, dos monstruos. Menotti lo bancó a muerte, y Ardiles brilló en ese puesto en 1978, y menos, en 1982.
Retomo y pienso: Los dos volantes por derecha de los equipos argentinos Campeones del Mundo fueron centrodelanteros reconvertidos en volantes por la derecha. ¿Lo habrá notado este cuerpo técnico hípercabulero, que cree, más que Nietzche, en el Eterno Retorno –a 1986-? ¿Por eso habrá jugado Tévez casi de volante por derecha contra Nigeria, y no tanto por cuestiones tácticas? ¿O contra México jugará Milito de 8?
Pienso, también en 1986: ¿cuántas veces le habrá pedido Diego a Bilardo que lo pusiera a Enrique de titular, que la venía rompiendo?
En fin. Lo dije ayer, lo sabemos todos: el lugar argentino más endeble, parece ser, por ahora, el lado derecho de la defensa: Jonás, un 8 reconvertido en 4, y Demichelis, un excelente zaguero que llegó al Mundial lejos de su mejor versión. (El DT de Grecia también pensó lo mismo). ¿Qué hará el Gordo? ¿Bancar a muerte sus elecciones, como Menotti con Olguín y Ardiles en 1978? ¿O empezará a cambiar, como cambió Bilardo, que sacrificó a su protegido Garré y puso al Negro Enrique, para romper sus caprichos y terminar de quedar en la Historia?

No hay comentarios:

Publicar un comentario